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Web El Patíbulo

lunes, noviembre 29, 2004

Las dos caras de la moneda

"Todo hecho es una moneda con dos caras, que han de ser vistas para ser comprendido" Esopo

El domingo fue una de esas jornadas épicas para el escepticismo, o a mi me lo pareció. Durante mucho tiempo, hemos tenido que aguantar que desde los medios de comunicación de masa nos llegaran una serie de historias muy extrañas sobre lo que sucedía en un pueblo andaluz: el famoso caso de las Caras de Bélmez.
Desde que se murió la propietaria de la casa, hemos tenido que aguantar una serie de historias por prensa, radio y televisión: esto sí que ha sido una Operación Tridente.
Pero este domingo la cosa cambió: por vez primera, en un medio de gran tirada, en concreto El Mundo, se denunciaba la posibilidad de que las caras de Bélmez quizás se trataran de un fraude.
No importa que desde medios (fundamentalmente páginas de internet) escépticos se llevase años anunciando la manipulación que ha habido en torno al fenómeno; a ningún medio de comunicación le interesaba la opinión de estos aguafiestas. Era, quizás más bonito, más ensoñador, creer la opinión de los fabricantes de paradojas. Y es esa capacidad de fascinación, con la complicidad de la ignorancia científica de muchos periodistas, la que durante mucho tiempo han aprovechado para vendernos una serie de seudo misterios.
Antes de que se muriera la mujer de las caras, hemos tenido que soportar manifestaciones tan categóricas como: el mayor misterio de la parpsicología no tiene solución, los estudios del CSIC revelaron que son un fenómeno sobrenatural, etc etc...Desde que se murió, hemos tenido que soportar la aparición de nuevas “caras” (las antiguas están más curradas, pero es que las nuevas no pasan de dibujos con agua), que en televisión se invocase como “expertos” sobre el tema a gente de reputación poco conocida (eufenismo con el que pretendo expresar que su curriculum no dice mucho a su favor), que se le diese párvulo a una serie de suposiciones seudocientíficas disfrazándolas con aire de ciencia,…
Sobre el tema de Bélmez no pretendo hablar en este mismo momento, de lo que quería hablar antes de irme por las ramas era de lo de este domingo, y de eso hablaré tras dar una anotación que no puedo dejar sin poner.
Desde mucho tiempo se lleva vendiendo en la prensa esotérica la idea de que en los años 90s, investigadores del CSIC concluyeron que tras las caras había un fenómeno paranormal. Nada más lejos de la realidad. Sucedió que en 1991, un “parapsicólogo”, el Reverendo Pilón proporcionó unas muestras del hormigón de la casa, para que las estudiasen, a 2 investigadores del Instituto de Cerámica y Vidrio, Valle Fuentes y Martín Rubí. Sucedieron varias cosas: las muestras eran tan exiguas que eran insuficientes para un análisis mineralógico. ¡Las muestras fueron proporcionadas en un sobre de café de bar!. Y añadido a todo ésto, no hubo ningún control en la toma de muestras, por lo que nunca llegaremos a saber si las muestras procedían efectivamente de la casa o del lugar correcto, a parte, que no hubo muestras de control. Como resultado, toda conclusión obtenida queda invalidada. No olvidemos la norma de todo estudio científico: muestras poco fiables, dan resultados igual de fiables.

Ahora sí, paso a comentar mis impresiones sobre lo del domingo.
Sucede, que el domingo aparece publicado un artículo en el mundo, firmado por Javier Cavanilles donde se cuestiona el fenómeno de Bélmez. Tras eso, empezamos a ver como en los programas de radio del misterio se tiran los trapos unos a otros, tenemos que ver como Cavanilles se enfrenta a Bruno Cardeñosa en “La Rosa de los Vientos”, tenemos que ver como dentro del propio movimientos “paracientífico” empiezan a surgir disidentes y criticas dentro del ámbito,…
¿Qué es lo que ha sucedido para que se forme ésto solo por un artículo? En mi opinión, es muy sencillo. Durante muchos años, los “paradojistas” tenían la opinión pública ganada. Los medios de comunicación les daban manga ancha.Tenían toda la prensa, radio y televisión monopolizada por su idea de que las caras eran un fenómeno desafiante. Y sucedió que con el circo que se montó tras la muerte de María, se abusó de esta confianza.
De poco importaba que hace tiempo que circulase por internet un artículo de Fernando Frías donde se desmontaba la mentira sobre Bélmez. Poco importaba para los medios de comunicación el excelente especial de "El escéptico digital" dedicado íntegramente a Bélmez. Poco importaba las 248 firmas recogidas desde los blogs escépticos por una información de calidad.
Pero el domingo, algo cambió.
Por primera vez, desde un medio de comunicación de gran alcance (no entró a valorar la calidad del diario en cuestión en otros temas, pues no es mi intención polemizar, ni desviarme hacia otros temas), se difundía una parte de la historia, que hasta ese momento había estado vedada, inaccesiable, al ciudadano medio. Por primera vez se daba esa otra cara(nunca mejor dicho, jeje) de la moneda de la que hablaba Esopo.
Ello explica la reacción inmediata en el mundillo esotérico: que sí tu has montado un circo, que si tu lo otro,.. Que si el otro ha cometido fraude. Que si yo no creo que lo de Bélmez es verdad.
Y es que en el mundo de las paraciencias, la sombra de UMMO es alargada….
Si, esperemos que sí, esta parte de la verdad empieza a ganar más tiempo en radio y televisión, es posible que muchos de estos vendedores de misterio caigan arrastrados a la hoguera junto con todo el fenómeno. Por eso muchos han querido curarse en salud, para luego decir, en el caso de que todo el fraude salga a la luz, que ellos siempre han sido rigurosos.
Deberían calmarse. Por desgracia, lo de Bélmez es solo un caso. Y aunque se descubra la verdad, mucha gente seguirá obcecada en preferir creyendo las historias que les vendan desde revistas esotéricas, programas de radio,… mucho más sugestivas, que la verdad que se esconde tras estas mentiras.

En resumen. Un gran día, que esperemos no caiga en saco roto. Se ha ganado la batalla, pero aún “el mundo está poseído por muchos demonios”(del genial Carl Sagan).

Una deuda pendiente

Tras mucho indagar, este inexperto en temas informáticas ha logrado hacer, tras mucho sufrimiento (y unos cuantos golpeteos a monitor, teclado, y cpu) que este blog tenga sección de enlaces. Discretita y sin mucho espaviento, pero es que no se le pueden pedir peras al olmo, no doy para más
Así he podido saldar una deuda pendiente con mucha gente. En primer lugar en la sección de links decidi poner las direcciones de las bitácoras de las personas que firmaron por vez primera en mi blog. Las excelentes bitácoras "Mítica" y "Razones para dudar",mucho más dignas de ser visitadas que "El Patíbulo". Las coloque en orden alfabético (para evitar problemas, jeje). A continuación, puse una serie de páginas que me parecen muy buenas, según un orden impuesto por mi memoria según escribía. Probablemente(probablemente no es acertado, seguramente es más correcto), me he olvidado de alguna. Con el tiempo me iré acordando. Les aconsejo que las visiten pues son páginas muy buenas. Si alguien se ha caído por aquí, y nunca las ha visto, que abandone inmediatamente mi bitácora y se pase a ellas, que seguramente les gustará más. Y es una orden!!!.
Sin más, me despido.
Hasta otra!!

domingo, noviembre 21, 2004

El abuelo de Copito de Nieve

Un Viernes más, el mundo de la paleoantropología vuelve a sorprendernos con un hallazgo asombroso.
Apenas han pasado dos semanas de la “florida” conmoción de la mujer enana de Indonesia, Meika Köhler, Salvador Moyá-Solá y otros científicos del Instituto Miquel Crusafont de Sabadell, han anunciado en “Science”, que durante las obras de una carretera en la población catalana de Hostalets de Pierola, se encontraron en el año 2002 los restos fósiles de un simio antropomorfo con unos 13 millones de años de antigüedad.
El fósil se encuentra en un excepcional estado de conservación, y consta de un rostro evocador, perfectamente conservado.Pero en este caso, lo maravilloso no es solo su magnífico estado de conservación, si no también su edad: el fósil procede del Mioceno medio, época que, para hacerse una idea, ha sido llamada en alguna ocasión el “agujero negro” de la evolución humana. Esto nos permite ya imaginarnos la importancia del hallazgo.
Es un descubrimiento extraordinario: un esqueleto muy bien conservado, muy completo, de un macho adulto de unos 35 kilos de peso y 1,20 m de altura. Se ha asignado a una nueva especie, a la que se le ha denominado como Pierolapithecus catalanicus, y como es habitual en paleoantropología, el ejemplar ha sido bautizado familiarmente como “Pau”.
Parece ser, según los descubridores, que se trata de una “especie mosaico”, que muestra la transición evolutiva entre el modo de desplazarse típico de los monos (como macacos, babuinos,…) y la braquiación (colgarse de los árboles, como hacen los orangutanes) , esquema al que se adapta la anatomía de los simios. La anatomía del cuerpo torácico de Pau está adaptada para trepar a los árboles y la postura semierguida de los antropomorfos(gorilas, chimpancés, orangutanes y humanos), aún cuando la arquitectura de las muñecas no les permitiría suspenderse de los árboles, como hacen los orangutanes. Esto parece indicar, siempre según los autores, que los diferentes rasgos del cuerpo de los simios surgieron por separado, y no de una sola vez.
Sus descubridores lo sitúan en la encrucijada entre hombres, gorilas, chimpancés y orangutanes, y especulan con que su origen sea africano, y que se hubiese dispersado a Europa a través de Oriente medio.
En mi humilde opinión, aún es pronto para pronunciarse taxativamente.
Lo que no se puede negar es la importancia del hallazgo, como ya han señalado diversos investigadores muy reputados, como Pilbeam o Begun.
Respecto a como vivía Pau: parece ser que vivía en una frondosa selva, junto con elefantes, rinocerontes, y diversas especies de reptiles. Vamos, un ambiente muy distinto al de la carretera de la que fu extraído.

También estos días, al hilo del tema de la evolución humana, en “Nature” ha salido publicado un trabajo donde se esgrime la idea, que la anatomía del género Homo se desarrollo como una adaptación a la carrera a larga distancia.

En fín, de momento eso es todo. Los viernes nos están mal acostumbrando. A saber que es lo que la paleoantropología nos está reservando para el próximo…

sábado, noviembre 13, 2004

Dándole filo a la navaja... de Occam

Occam y su navaja suiza

A mediados del siglo XIV, un teólogo y filósofo inglés, Guillermo de Occam, formuló lo que se podría llamar un principio, un principio del pensamiento, y que ha pasado a la historia de la filosofía de la ciencia. Es el llamado “principio de economía del pensamiento”, o “principio de parsimonia”, o más comúnmente, la “navaja de Ockam”. En su formulación original, esta regla dice “Entia non sunt multiplicanda sine necesitate”, que los que saben de latín dicen que se traduce como que “los entes no deben ser multiplicados si no es necesario”.
También ha sido reformulado en muchas ocasiones como “la explicación mas simple es siempre la mejor” o “los razonamientos que conllevan menor número de pasos son los más eficaces”. Como definir la simplicidad puede ser polémico, considero que para las intenciones de este artículo, la formulación más adecuada es la original.
Una idea sencilla es este principio, pero que tiene y ha tenido unas implicaciones enormes. Realmente, no se trata ni de un principio ni de una ley científica, pero si es una poderosa herramienta, que guiando al proceso de pensamiento puede producir fructíferos resultados. Según este principio, si tenemos 2 modelos científicos para explicar un fenómeno, aquel que sea más “sencillo” será digno de mayor consideración. En realidad, esto no es así. Como el método científico impone, ha de ser la comprobación experimental, la verificación empírica, la que ha de decidir entre los 2 modelos. Pero, en muchas ocasiones, la complejidad del fenómeno a estudiar impide una eficaz comprobación empírica, o la misma prueba experimental no permite decidir entre los distintos modelos.
Es entonces cuando la afilada navaja aparece para cortar la tarta de ideas.
A lo largo de la historia de la ciencia tenemos multitud de ejemplos en los que el arma blanca de Occam ha hecho acto de presencia (muchas veces sin que los científicos hubiesen reparado en ella).
La inexistencia de las fuerzas de inercia; el principio de relatividad especial propuesto por Einstein, que supuso el destierro de la idea de éter; la unificación del concepto de onda electromagnética y del concepto de partícula en el de cuantón, en mecánica cuántica,… Todos son ejemplos de momentos de la historia de la ciencia en que el condenado cuchillito ha aparecido para pinchar.
Cuando en los estudios de relaciones evolutivas entre distintos grupos de organismos recurriendo a la bioquímica (tal y como se hizo con el hombre moderno, empleando el ADN mitocondrial) se elaboran los árboles filogenéticos (esas gráficas que relacionan a los distintos grupos), es el principio de parsimonia el que rige la elección de los árboles más significativos. Y es que entre todos los caminos posibles, la evolución siempre escoge el más corto.
Incluso hasta en la ciencia de los cristales vemos la influencia de la navaja: el principio de economía aplicado a la química de los cristales nos dice que el número de partes constituyentes (átomos, enlaces,…) en un cristal tiende a ser mínimo. Las estructuras cristalinas tienden a ser simples y ordenadas.

Hay una formulación de esta herramienta muy sofisticada, elaborada de acuerdo a la teoría de la información. Paso a tratar de explicarlo. En ciencia, lo que se pretende es establecer correlaciones entre los fenómenos que se observan (en el laboratorio, en la naturaleza,…) con el objeto de elaborar una generalización, que nos permita explicar ese hecho que hemos observado, y al mismo tiempo, predecir otros nuevos.
Sin embargo, de acuerdo con esto, puede haber muchas teorías para explicar lo mismo.
La idea de teoría es equivalente a la que en la teoría de la información se llama “algoritmo” (un algoritmo es una serie de reglas que nos permiten resolver un problema con un número finito de “pasos”). Por otra parte, la cantidad de información de un mensaje se mide en “bits” (un bit es la mínima unidad de información, que contiene la información necesaria para decidir entre dos alternativas-si o no, 0 ó 1-). Un algoritmo será tanto más útil, cuanto menor número de bits contenga. Ésto, aplicado a la ciencia viene a significar lo siguiente: para explicar un conjunto de hechos, el algoritmo – la teoría – que menos volumen de información contenga, será la más eficaz (explica lo mismo con menos contenido).
Un símil simple sería éste: si las teorías científicas fuesen programas de ordenador, y tuviésemos 3 “programas” para explicar lo mismo, nos quedaríamos con el que ocupase menos espacio en nuestra computadora.
Esta podría ser, por tanto, una formulación más elaborada, o más próxima a una formalización, del célebre principio.

Hasta aquí hemos visto la importancia que puede llegar a implicar el tener en cuenta la parsimonia a la hora de formular una teoría científica. Se comprende el que la navaja de Occam se pueda considerar como una navaja multiusos. Sin duda, Occam fue el “MacGiver” del pensamiento.

La navaja y las pseudociencias

En pseudociencia, muchas veces da la impresión de que se olvidan de ese arma del pensamiento que es la parsimonia.
Cuando se acude a entes etéreos, a extraterrestres, o a supuestas entidades, estamos multiplicando el número de entes.
Es inherente al ser humano la curiosidad, y el afán de saber más, pero estas dos cuestiones en infinidad de momentos nos juegan muy malas pasadas.
Cuando nosotros contemplamos algo extraño, o algo que nos llama poderosamente la atención, inmediatamente pasamos a preguntarnos sobre cuál es la causa que lo produce. Pero muchas veces nuestro desconocimiento del proceso, o simplemente, el que no estuvimos atentos a las circunstancias en que tuvo lugar, o si ya hablamos de una experiencia empírica, el que no delimitáramos adecuadamente las condiciones de la experiencia; todo esto determina el que no le lográsemos encontrar explicación. Este vacío, este hueco, es ocupado por la imaginación, y es en ese momento cuando recurrimos a explicaciones fantasiosas o a teorías pseudocientíficas.
Voy a tratar de poner un ejemplo que creo que es clarificador: supongamos que vemos en el cielo de noche una luz extraña, que hace movimientos que nos resultan inverosímiles. A muchos, la ignorancia nos traerá a la mente el tema de los platillos volantes y de las visitas extraterrestres, e incluso hay personas que lo llegan a defender vehementemente. Pero pensemos. Si alguien nos preguntase, ¿estás completamente seguro, al 100%, que eso que viste no era ningún astro? ¿Estás segurazo que no es ningún fenómeno meteorológico, del tipo de los rayos en bola o el “fuego de los Andes”?¿Podrías afirmar tajantemente que eso que vimos en el cielo no obedece a alguna causa conocida, pero que tu desconocimiento te impide comprender? ¿Estás en condiciones de afirmar que no es ningún artefacto de origen humano, tipo avión? En resumen, ¿dispones de los conocimientos científicos o técnicos suficientes y necesarios para afirmar de manera taxativa que eso que viste, tiene origen extraterrestre?
Me imagino que la respuesta que cualquiera le daría a ese hipotético interlocutor es la misma: no, no lo puedo afirmar al cien por cien.
Es ese hueco, ese vacío en nuestros conocimientos, esa carencia, la que ha de ocupar el principio de Occam, por encima de cualquier creencia o enunciado pseudocientífico. En este ejemplo, vemos como el principo, que en su formulación original nos dice que no hemos de multiplicar el número de entes si no es necesario, se nos revela con toda su imponencia y portentoso poder conceptual.
La explicación más prudente, realmente la única válida, aunque quizás la menos satisfactoria, siguiendo con nuestro ejemplo, sería la que enunciara que no sabemos que es esa luz. Por el contrario, cualquier teoría que afirmase que esa luz tiene origen en artefactos extraterrestres, estaría violando el principio de economía, al multiplicar el número de entes.
Esto se da a todos los niveles, desde la vida corriente, a las teorías pseudocientíficas.
En nuestra vida cotidiana, con mucha frecuencia nos encontramos con sucesos que nos despiertan inquietud. Nos parece ver en ocasiones que los objetos no están donde los habíamos dejado, queremos ver extrañas sombras, a veces nos topamos con curiosas coincidencias,… Son cosas que a todos nos han pasado, pero que en definitiva nos revelan nuestro desconocimiento, no ya solo de tipo científico o explicativo, sino también nuestro desconocimiento de los propios hechos. ¿O acaso podemos describir con toda seguridad las circunstancias en que tuvo lugar eso que nos despertó curiosidad? ¿Podemos afirmar, por ejemplo, el estado del aire, si había alguien más,…?
Suele suceder que esos hechos nos resultan sorprendentes porque, en parte, suceden sin que nosotros lo sepamos, de inmediato, sin ningún aviso. Esta característica ya impide que seamos capaces de precisar las condiciones de ese momento, no podemos afirmar ni negar nada con seguridad, y esa imprecisión es la fuente de donde nace nuestro desconcierto. Es ahí donde Occam nos dice que hemos de ser prudentes, que no hemos de aumentar el número de entes, recurriendo a explicaciones sin ninguna base, y para cuya afimación solo disponemos como prueba de nuestra experiencia (incurriendo en un razonamiento circular).

La pescadilla que devora su cola

A nivel de las “grandes teorías” pseudocientíficas, Occam dispone de manga ancha para asestar con su navaja puñaladas mortales.
Y es que la característica esencial de estas teorías es, por así decirlo, el aumento del número de entes de forma exponencial.
Si hacemos un análisis a un nivel lógico de estas teorías vemos que incurren en lo que los filósofos escolásticos medievales llamaban una “petición de principio”. Dicho con menos petulancia, en un razonamiento circular.
A ver si logro exponer mis ideas de una forma clara.
Supongamos que observamos un fenómeno curioso, aparentemente inexplicable. Los estudiosos de lo pseudocientífico rápidamente propondrán una explicación espectacular.
Pero si nos preguntamos que pruebas presentan a favor de esa explicación, nos damos cuenta que estas se reducen básicamente al fenómeno a explicar desde el principio de la cadena. Es decir, estamos incluyendo el objeto a explicar en la explicación.
Se ve más claro, en forma de diálogo:
-¿Qué quieres explicar?
-El fenómeno paranormal
-¿Qué explicación le das?
-Una explicación paranormal
-¿Qué pruebas presentas para esa explicación?
-El fenómeno paranormal del principio.

Lo definido en la definición. La versión pseudocientífica del pobre perro que, desesperado, persigue a su cola.
Esta forma de razonar no es válida formalmente hablando. Es una forma de razonamiento inconsistente desde un punto de vista lógico, y como tal, no ha de ser considerada en la ciencia ni en ningún sistema de pensamiento que se precie. Para que sea digna de ser tenida en atención, la explicación que demos al fenómeno ha de contar con verificación adicional e independiente del suceso objeto de estudio.
Vamos a pasar a analizar un par de casos concretos.
Empecemos por el que ha sido dado en llamarse fenómeno de las “caras de Bélmez”.
En los años 70, en una casa del pueblo andaluz de Bélmez de la Moraleda, empezaron a surgir manchas en la pared, manchas que aparentemente presentaban forma de caras. La explicación que se le dio procedente del ámbito de lo paranormal fue que dichas caras fueron producidas por supuestas entidades del “más allá”, que se manifestaron de esa forma.
Voy a pasar a tratar de analizar el proceso de pensamiento que se sigue en esas teorías. En primer lugar, advertir que no voy a discutir sobre la veracidad o no de las premisas; es decir, no voy a pronunciarme sobre si las caras son o no son tales caras, puesto que daría para largo y tendido y excede los objetivos que me he planteado con este artículo.
Partimos de un enunciado: tenemos unas manchas en forma de cara en la pared de la casa, y aparentemente, no responden a nada conocido. ¿Qué explicación le damos? Las caras son manifestaciones de desencarnados. ¿Qué pruebas o indicios se aportan a favor de esa teoría? Las propias caras, y captaciones de psicofonías. El que para explicar las caras se recurra a las caras, es un ejemplo clarísimo de razonamiento circular, y revela la inconsistencia de ese razonamiento.
La prueba de las psicofonías requiere una pequeña explicación adicional. Las psicofonías son una cuestión, cuando menos, muy controvertida. Si como argumento de partida para una teoría empleamos pruebas débiles y controvertidas, las conclusiones que obtengamos serán, en consecuencia, débiles y controvertidas a la par.
Muchas veces desde el ámbito escéptico se dice que explicaciones sorprendentes requieren de argumentos igual de sorprendentes. No podemos fundamentar una hipótesis espectacular en pruebas débiles, pues entonces su consistencia será tan débil como la prueba. Recurramos a un ejemplo muy ilustrativo: en una habitación hay 3 personas, y una muere asesinada. ¿Tendría sentido que en el juicio se presentase como prueba el testimonio del uno inculpando al otro?
Aquí pasa algo similar.

Otro caso a analizar podría ser el de los OVNIs (entendiendo por esto toda la fenomenología ligada a la hipótesis ETs). Desde la ufología muchas veces se reportan casos, al parecer, de fenómenos en el cielo difíciles de explicar. Sigamos los mismos pasos de antes. ¿Qué explicación les damos? Son artefactos pilotados por seres extraterrestres. ¿Qué evidencias tenemos para afirmar esto? Las luces de los cielos.
La pescadilla que se muerde la cola, salta a la vista.

Esto mismo que sucede en estos dos casos, sucede en nuestra vida cotidiana, cuando presenciamos cosas que no logramos explicar. Rápidamente, debido a que estamos constantemente viéndolo en televisión y radio, o debido a que oímos testimonios similares de gente conocida, recurrimos explicaciones de la misma índole que las anteriores.
Es importante que no nos dejemos llevar, y que seamos capaces de percatarnos de cuán equivocados que nos encontramos cuando procedemos de esa forma. He pretendido expresar que esa manera de pensar representa una falacia lógica, y que tales razonamientos, han de ser evitados en cualquier forma de conocimiento.
El espíritu crítico, el método y la economía del pensamiento no deben ser olvidados en tales casos.

EPÍLOGO: La curiosidad y sus daños colaterales

Es muy digno el sentir curiosidad ante lo que nos rodea, y el querer encontrar explicación para todo lo que observamos. Eso ennoblece nuestro carácter y nos hace humanos. Pero este insaciable afán de querer ver más no puede cegarnos, y hacernos caer en trampas lógicas, o dejarnos llevar por las ideas inconsistentes formuladas por otros, por muy adornadas que estén o atractivas que resulten. Es mejor reconocer la ignorancia, o el tener que renunciar a una explicación, aun cuando esto represente una insatisfacción, que recurrir a explicaciones asombrosas carentes de método o de estructura formal, que lo único a donde nos llevan, es a nuestra peor percepción de los hechos naturales.

viernes, noviembre 12, 2004

¿Le importa a alguien?

Estos últimos días ha saltado a la luz el asunto de la guerra en ciernes en Costa de Marfil.
Eso nos recuerda que existe un continente llamado África.

ÁFRICA, EL CONTINENTE OLVIDADO

En el continente africano, se puede admirar de una belleza de paisajes enorme: desde los imponentes paisajes desérticos del Sáhara o el Kalahari, a la costa sudafricana, pasando por las selvas de la región centro africana.
Esta variedad de paisajes alberga una equivalente variedad de fauna y gentes.
En las tierras de este continente vio su origen el linaje humano y el hombre moderno; todos somos hijos de africanos. Si como dice el relato bíblico, Dios creó al hombre a partir de arcilla, esta arcilla era barro africano.
Sin embargo, somos unos hijos muy ingratos: hemos abandonado las tierras que nos vieron nacer, y rápidamente las hemos olvidado.
Miento, nos hemos olvidado de sus gentes, pero nos acordamos mucho de sus riquezas.
Gran parte de las rivalidades entre etnias en el continente, encuentran promoción en las grandes multinacionales que quieren explotar los recursos naturales.
Ejemplos hay muchos. El más famoso quizás sea el del coltán. El coltán es la abreviatura de columnita-tantalita, dos minerales que forman una serie de solución sólida (una aleación), de los que se extraen niobio y tántalo, elementos químicos muy apetitosos en la industria de las telecomunicaciones por sus aplicaciones microelectrónicas. Desde las baterías de los dispositivos de telefonía móvil, a la Estación Espacial Internacional, pasando por los misiles, los PDAs, los ordenadores,… necesitan de estos preciados componentes.
Los grandes yacimientos de Australia y Brasil de donde se obtenían estos dos elementos, se han ido agotado, y hoy por hoy, el 80% de las reservas mundiales de estos dos recursos se ubican en la zona del Congo. ¿Serán casualidad los conflictos de esta región, como los de la República Democrática del Congo, Ruanda,… que ya se han cobrado millones de víctimas inocentes? Pregunta retórica.
Esta riqueza ha motivado una serie de consorcios entre multinacionales que fomentan los conflictos étnicos de estas zonas, con el objetivo de garantizarse controles sobre amplias zonas, para satisfacer sus demandas de coltán. Tras la guerra fraticida, hay disfrazada una guerra entre grandes multinacionales. Ahí no impera ningún tipo de legalidad internacional, ni tan siquiera la lógica ni la moralidad. Solo el despropósito, la inhumanidad, la ambición, y el dinero parecen tener derecho a campar a sus anchas. Mientras en occidente jugamos a las maquinitas, millones de víctimas inocentes, de refugiados, de niños… no parecen ni siquiera tener el derecho a vivir.
Pero no solo es Congo, si no, todo África; en Sierra Leona y en Angola, son los conflictos por el diamante, valorado en joyería y en tecnología láser, la auténtica razón de la muerte de millones de persona. En Sudán, en la región de Darfún, la situación es tan extrema, que tras la limpieza étnica y la masacre, tras la guerra de religiones, se esconde en realidad, lo que es muy lamentable, la lucha por el agua.
Este año una gran parte de África ha sido devastada por las plagas de langosta y por la sequía, lo que ha destrozado los cultivos de cereales que sirven de sustento. Plagas que aquí podrían ser reducidas con poco dinero, allí han tenido efectos desoladores, sin que ningún país del Norte haya movido un dedo para ayudar.
Asimismo, es un continente acosado por el SIDA. Pero no el SIDA de occidente. En África hay otro SIDA. Y al mismo tiempo de esto, a Sudáfrica se le imponen trabas para que no pueda ofrecer los fármacos a precio asequible a su población; se trata de impedir que empresas locales puedan fabricar fármacos genéricos y distribuirlos a bajo coste. Esto, promovido por las grandes empresas farmaceúticas, que no están dispuestas a ceder un ápice en sus pretensiones y en su dominio despótico, aún cuando eso represente la pérdida de vidas humanas.
Nuevas enfermedades surgen, sin que en occidente lleguemos a tener constancia de ellas; enfermedades como la úlcera de Buruli, que se están cobrando ya millones de vidas. Otras enfermedades ya conocidas, como el cólera, la disenteria, tuberculosis,… siguen causando estragos.
Todo esto lleva a la desoladora conclusión de que África, desgraciadamente, no le importa a nadie.

Y mientras tanto, en occidente usando nuestros ordenadores, mandándonos mensajes al móvil, o viendo por televisión las últimas noticias de la prensa rosa. Pero este desentendimiento nos acabará costando caro. No podemos vivir mucho tiempo en una casa, encerrados en nuestra habitación sin que nos moleste el ruido de la habitación de al lado. Estamos condenados, para bien o para mal, a estar encerrados en este pequeño punto azul pálido del Sistema Solar, ya seamos africanos o europeos. Formamos parte de la misma tripulación; vamos a bordo del mismo barco. Las vías de agua de babor, afectarán por igual a los que estamos en estribor. Algún día, cuando el cambio de clima traiga las condiciones tropicales a latitudes más altas, nos afectarán las enfermedades que les afectan. Ellas no entienden de fronteras. Algún día, la población africana se cansará, y como es lógico se alzará.

Pero hasta que eso llegue, hoy por hoy, en África se mueren de SIDA, por guerras; lo que es más triste, de hambre y de sed. Y mientras tanto, occidente permanece ajeno. Occidente mira hacia otro lado como si la cosa no fuera con él; eso si, no sin antes poner las armas.

martes, noviembre 09, 2004

El hombre que habló en nombre de la Tierra*

En mi diario periplo por internet, en mi visita habitual al excelente blog de “Luis Alfonso Gámez” he recordado algo de lo que me había enterado hace días en un artículo de Javier Armentía: hoy, Carl Sagan, habría cumplido 70 años, de no habérselo llevado prematuramente una leucemia hace 8 años.
Tal día como hoy, hace 70 años veía la luz una figura singular, Carl Sagan.
Excelente divulgador, de no haber sido por su activa difusión de la ciencia, probablemente no hubiese marcado tanto. Muchos detractores de su figura han dicho que tan solo fue un científico mediocre. Grandiosa equivocación.
Una personalidad como la suya, que hacía gala de una portentosa erudición, no podía tratarse de un mal científico.
Sagan puede considerarse, con permiso de Eugene Shoemaker, uno de los padres de lo que hoy se conocen como ciencias planetarias. Comprometido con la exploración científica del espacio desde los mismos inicios de la carrera espacial, impulsor del programa a Marte, estudioso de las condiciones climáticas de Venus, el primero en proponer junto a Mullen una solución a la paradoja del Sol frío, presidente de la sección de planetología de la Unión Geofísca Americana… todo ello son razones más que suficientes para considerarlo un científico notable. En lo que quizás tengan parte de razón sus detractores, es que basándonos únicamente en sus méritos como científico, probablemente no hubiese alcanzado la trascendencia que alcanzó.
Pero es que lo que Sagan realizó por la ciencia más allá de su ámbito de estudio, ensombrece todo lo anterior y cualquier labor realizada por otro científico en muchos años. Y es que Sagan fue, ante todo, un divulgador.
Enfrascado en su idea de acercar la ciencia al gran público, logró algo que muy pocos científicos lograron: traspasar las barreras de la ciencia para convertirse en un icono social de su época, la Era Espacial. Su cuerpo delgado, su amplia sonrisa y su aire desenfadado se convirtieron en el estereotipo de científico para los nacidos bajo el signo de las grandes hazañas espaciales, labrando su nombre con letras de oro en la memoria colectiva de varias generaciones de una sociedad, cuyo bienestar descansa, en parte, en los logros tecnológicos alcanzados en la insistente búsqueda allende nuestra Tierra.
En vida criticado por muchos, admirado por bastantes, tras su muerte consagrado y recordado con nostalgia y melancolía por todos; ésta es una dignidad solo alcanzable para los genios en lo suyo.
Criticado por algunos porque sus obras eran demasiado sencillas, muy simplificadas, porque no se exponían teorías complicadas, porque a la hora de hablar de temas controvertidos solo exponía la teoría imperante, dejando de lado las alternativas,…Tienen razón. Pero quien hable así es porque no tiene claro el auténtico concepto de lo qué es la divulgación científica. Sus libros no iban destinados a la público científico, pues ellos no necesitaban instrucción. Sus libros iban destinados al hombre de a pie, a la persona de la calle. A toda esa gran mayoría de personas que no disponían de suficientes conocimientos científicos, y que por ello, no veían con buen ojo a la incomprensible (en parte, debido a la incapacidad de los científicos para conectar con el profano)ciencia, que le estaban dando la espalda a la ciencia, refugiándose en las supersticiones, en las ideas difundidas por los, por él llamados, “fabricantes de paradojas”.Como él se encargaba de recordar, era la deuda que los científicos le debían al contribuyente, que con su dinero garantizaba la continuidad de la investigación científica. En este sentido, como en todos los artistas, la creación literaria de Sagan es hija de su tiempo, pero también, como en los grande genios de la literatura, sus obras fueron capaz de traspasar las barreras del espacio y del tiempo, sobreviviendo, aún hoy, con prácticamente la misma vigencia de hace 30 años. Sus obras rezumaban el olor del que se sabe superior, pero no emplea su superioridad para humillar, sino para ayudarnos a los demás a alcanzar su estatus. No escribía obras sobre ciencia con el afán de buscar notoriedad, o de destacar sobre sus colegas, sino acercar la ciencia a una sociedad que dependía de ella pero que, paradójicamente, la miraba con recelo.
Su retórica, su verbo, su capacidad por introducir de lleno al lector en lo que decía y de despertar pasión por la ciencia, su envidiable elocuencia, su abrumador eclectismo, hacen de él un artista irrepetible, con una capacidad de cautivar que solo he vuelto a ver, intuida, en la obra de otros dos grande genios de la divulgación, como fueron Isaac Asimov y Stephen Jay Gould.
De formación humanista, gozó por ello de un cuerpo de conocimientos y de una visión de su época difícilmente alcanzable por un científico de la actual ciencia “ultraespecializada”. Hizo de la ciencia una forma de entender la vida, y de la divulgación, un contagioso alegato de sus ideas y de esta actitud.
Fue socio fundador de la CSICOP, primera sociedad escéptica del mundo, en la que militaron, entre otros, Gould, Gardner y Asimov. Y es que uno de los problemas que más le preocuparon fue la vigencia que estaban adquiriendo en la sociedad las pseudociencias y de la falta de pensamiento crítico en la sociedad. Esta preocupación nos dejó grandes joyas, como “El Cerebro de Broca” o “El mundo y sus demonios”. Las explicaciones que ofrece en el primero de estos libros para los sueños premonitorios, o la réplica que hace a las descabelladas teorías de Velikovsky no tienen desperdicio. Se convirtió en baluarte del pensamiento crítico, y en la contrarreplica del movimiento escéptico a figuras como Von Däniken o Kolosimo.
Padre “ideológico” del proyecto SETI, no resulta por ello sorprendente que la NASA le encomendara a él la finalidad de elaborar un mensaje a posibles civilizaciones extraterrestre, a incorporar en la sonda “Voyager”, primer artefacto humano que abandonará el Sistema Solar. Fundador de la Sociedad Planetaria, en las páginas de la revista de esta institución mantuvo un debate con el biólogo Ernst Mayr sobre lo apropiado o no del proyecto SETI, del cual salió airoso y victorioso con una elegancia admirable.
Decir Carl Sagan, es hablar de ciencia con letras mayúsculas, y hablar de su muerte, es hablar de la muerte de una parte muy importante del pensamiento de finales del siglo XX.
En definitiva, el mayor logro de Sagan quizás no fuera su importante labor como científico, ni tan siquiera, su ingente creación literaria. Probablemente, lo más importante hayan sido todos esos cientos, quizás miles, quizás miles de millones de científicos, que lo son porque de niños quedaron maravillados ante las palabras tan cautivadoras que salían de la boca de este carismático personaje.
Para terminar, como no creo que pueda expresarme mejor que él, este humilde discípulo acude a uno de sus maestros: “La época más excitante, satisfactoria y estimulante para vivir es aquella en la que pasemos de la ignorancia al conocimiento de estas cuestiones fundamentales, la época en que comencemos maravillándonos y terminemos por comprender. Dentro de los 4000 millones de años de historia de la vida sobre nuestro planeta, dentro de los 4 millones de años de historia de la familia humana, hay una sola generación privilegiada que podrá vivir este momento único de transición: la nuestra”**
Y esta generación, ha tenido la suerte de contar con un cronista de excepción. Se llamaba Carl Sagan.
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* La idea del título está extraída de Francisco Anguita, del título del último capítulo del libro "Crónicas del Sistema Solar", Ed. Sirius.
** "El cerebro de Broca" Carl Sagan, Ed. Critica. Traducido por D. Brgadà y J. Chabás

sábado, noviembre 06, 2004

Tan solo una ilusión

Recientemente se están poniendo de actualidad los fenómenos paranormales, en parte, por todo lo que rodea al fenómeno de Bélmez. Me he decidido aprovechar de esta actualidad, para hacer unos breves comentarios sobre un fenómeno que siempre me ha llamado la atención, las psicofonías. Este ejercicio también me sirve para poner un poco de orden en mi desordenado cerebro.
De esta extraña “manifestación” (las psicofonías, se entiende) siempre me ha despertado curiosidad 2 inocentes detalles, pero que en mi opinión están llenos de ponzoña, por cuanto reflejan la enorme carga de subjetividad que rodea al fenómeno: el primero de ellos, es que siempre me resultó curioso que lo que dicen estas supuestas “voces” se entendiese mejor cuando de antemano me comunicaban lo que se tenía que oír; el segundo de los hechos, es que no todo el mundo que oye una sicofonía se ponga de acuerdo sobre lo que dice, o incluso, que no todo el mundo logre escucharla.
Estas dos características me resultan mucho más intrigantes que el fenómeno en sí, y en mi opinión, ponen sobre la pista de lo que es en realidad. Por todo ello, van a ser la piedra angular sobre la que voy a construír este texto.
Obviando los casos fraudulentos, que por desgracia son muchos, los casos e “investigaciones” sobre psicofonías en que no se obra de mala fe, a mi juicio adolecen de un doble defecto: de forma y de fondo. Es decir, fallan tanto en el método como en los conceptos.
A continuación, pasaré a explicar que pretendo decir con esto, haciendo primero hincapié en los problemas de método, para pasar luego a divagar sobre la falta de base conceptual.

DISCURSO SOBRE EL MÉTODO

El método, o al menos uno de los métodos que mejores resultados proporciona, para la captación de psicofonías, básicamente consiste en servirse de una radio, a la que se inhabilitan sus sistemas de sintonía para que “rastree” en un gran ancho de banda, para así emplear como soporte el ruído blanco para la obtención de las voces.
Quizás convenga hacer una parada en el camino, y recordar algunos conceptos que son interesantes.
El ruido es el resultado de la superposición de un conjunto de vibraciones, que no son coherentes unas con las otras, y que son simultáneas a una señal útil. Presenta una amplitud y longitud de ondas irregulares, pero una frecuencia constante. Los ruidos tienen distintas causas, y unas pueden ser externas (caídas o oscilaciones de tensión, por ejemplo), mientras que otras pueden ser internas, originadas por el propio aparato (la agitación térmica de los electrones, el ruido debido a las resistencias,…). Esto aplicado al sonido, significa que el ruido es una superposición de vibraciones sonoras no armónicas entre si. El ruido blanco es un ruido caracterizado por un espectro en el cual todas las frecuencias tienen la misma densidad de energía. Viene a ser algo así como el análogo a la luz blanca en el espectro audible (como si estuviese constituido por todos los sonidos de la franja audible, todos con la misma “cantidad” de energía).
Pues bien, ese es el soporte que se utiliza para captación de psicofonías, representando éstas fluctuaciones en el ruido blanco. Para registrarlas, se emplea una grabadora cuyo micrófono se coloca cerca del altavoz de la radio.
Aquí esta un primer fallo de sepsis experimental: se emplea un micrófono, el cual es un aparato diseñado para amplificar sonidos de una determinada frecuencia. Es decir, un micrófono puede captar sonidos que nosotros no oímos y nos pasan desapercibidos.

Otro inconveniente relacionado con lo anterior, es que al dejar la grabadora funcionando sin ningún tipo de aislamiento, se pueden registrar sonidos que no tienen porque corresponder necesariamente con el ruido de la radio, que son en los que presuntamente se evidencian las psicofonías.
Éstos dos fallos de método, al parecer, algunos “parapsicólogos” más aventajados, los corrigen en unos casos, conectando directamente la grabadora a la radio, para que solo guarde registro del ruido que emite la radio, y en otros casos, se aísla el equipo de sonidos externos por medio de cajas especialmente diseñadas.
Pero aún así, no pueden evitar que la radio siga sometida a la influencia de ondas hertzianas, que pueden ser captadas por la radio dándonos la impresión de que hemos captado algo anómalo.
Si lo que se pretende es un trabajo riguroso y metódico, se debería colocar el equipo en el interior de una jaula de Faraday (un conductor hueco, de tal forma que su interior está “protegido” de la influencia de cualquier campo eléctrico externo).

Por otra parte, el propio diseño de las experiencias es incorrecto. No se emplea ninguna muestra de control, a la hora de estudiar las psicofonías no se toma ninguna precaución para evitar prejuicios, etc… En ciencia, cuando se hace un estudio sobre algo sobre lo que puede haber ideas preconcebidas, se diseñan lo que se llaman estudios de ciego: junto a las muestras (entendiendo por muestra el objeto de estudio) a estudiar, se introducen muestras similares pero que ya se conocen (lo que se llaman muestras de control) y se etiquetan todas con una clave, de forma que el autor del estudio no sepa si está estudiando una muestra de control, o por el contrario, la muestra a estudiar. Así, se minimiza la influencia de posibles prejuicios. Así es como se procede en la industria farmacéutica para probar la eficacia de nuevos fármacos en desarrollo, así se diseñó el estudio de la datación de la Sábana Santa, etc…
Ésta es una medida necesaria si lo que se busca es objetividad, y que en cambio, no se lleva a cabo cuando se estudian psicofonías.

También llama la atención la forma de estudiarlas. Es una persona la encargada de oír las grabaciones, y tratar de buscar algo “anormal”. Y esto es algo subjetivo en grado máximo. Para ser precisos, lo que habría que estudiar es el espectro del registro sonoro, buscando alguna anomalía; no confiar en el oído del “investigador”.
Por otra parte, si lo que se hace es que cuando se encuentra algo “anómalo”, se “limpia” de ruido para que se oiga mejor, y así en sucesivos pasos hasta que tengamos un sonido limpio, estaremos obteniendo un sonido artificial, que no existía previamente. Habremos “maquillado” una fluctuación en el ruido hasta encontrar lo que se quería encontrar desde el principio. Con una especie de “selección natural de ruido”, habremos creado un sonido.
Otro tema a parte, sería forma en que se publican los resultados de un “estudio” sobre psicofonías. Como la lamentable y risible forma en que se procede para ello daría para mucho párrafo, lo he obviado.
Hasta aquí he expuesto por qué considero que la investigación sobre psicofonías se equivoca en el método. Se podría objetar, no obstante, que puede tratarse simplemente de un problema de mal diseño experimental, pero que el fenómeno en sí es real.
Pues bien, eso es lo que discutiré a continuación. En los próximos párrafos voy a tratar de explicar por qué pienso que el estudio de psicofonías adolece de un problema de base, un fallo de conceptos.

DEL ÁRBOL A LA RADIO

Hace tiempo, ElPez (ciberseudónimo de Javier Armentia), publicó un excelente artículo en su bitácora “Por la boca muere el pez” donde comentaba un suceso que recibe el nombre de “pareidolia”. La pareidolia implica que los estímulos mal organizados sean percibidos de forma muy nítida, dando lugar a una ilusión. Esta pairedolia es la que nos permite, por ejemplo, reconocer formas en las nubes o en las montañas.
Y es que se da el hecho que nuestros sentidos, y en particular, nuestros ojos no son perfectos.
En psicología de la percepción, se sabe desde hace tiempo que a nuestro cerebro no le gustan las imágenes caóticas o completamente desorganizadas. Así los estímulos que se encuentran próximos, el cerebro tiende a agruparlos, y a percibir como un grupo y con continuidad estímulos que tienen una cierta semejanza. Así se engendran las ilusiones visuales, percepciones creadas por nuestro cerebro.
Estas ilusiones están engendradas tanto en la parte física de nuestros dispositivos sensoriales, como en la parte abstracta. Es un problema tanto de hardware (me refiero a los órganos de los sentidos: ojos, tímpanos…) como de software (el cerebro),
Un buen ejemplo de ilusión generada por la propia naturaleza del ojo es la siguiente: cojamos el dibujo de una cara, y movámosla rápidamente de izquierda a derecha; dará la impresión que los ojos del dibujo se están moviendo. Esta ilusión se debe a que la retina conserva la impresión óptica de las imágenes durante un corto espacio de tiempo.
Ejemplos de ilusiones ópticas creadas por el cerebro, es la siguiente.
Leáse la siguiente frase en alto:
EL LIBRO DE LA
LA SELVA


Probablemente, mucha gente haya dicho "el libro de la selva" omitiendo el segundo "la".
En un número reciente de la revista “Investigación y ciencia” aparecía publicado un interesantísimo trabajo sobre ilusiones geométricas (“Ilusiones geométricas”, de Jacques Ninio). En ese artículo se describían infinidad de ilusiones geométricas, y el autor comentaba, que tras la percepción visual, se esconden finos principios que rigen los procesos cerebrales de la percepción, y que explican estas ilusiones ópticas.

Pues bien, lo mismo que ocurre con la visión, es aplicable al resto de los sentidos.
Nuestros órganos de los sentidos disponen de filtros, que nos permiten seleccionar la información que nos llega al cerebro, y al mismo tiempo nuestro cerebro dispone de sus propios filtros para “modificar” la información para que ésta nos resulte comprensible. Esto redunda en un mejor conocimiento de lo que nos rodea, pero el precio que pagamos son que de vez en cuando tengamos que experimentar paradojas e ilusiones sensoriales.

En su libro “Amalur”, los eclécticos Juan Luis Arsuaga e Ignacio Martínez, comentaban un estudio efectuado por el Centro de Psicología Evolucionista de la Universidad de California, en el cual se decía que las 3 primeras cosas que intenta determinar nuestro cerebro al observar un nuevo rostro son edad, sexo y etnia. Es decir, cuando nuestro cerebro observa un nuevo rostro trata de averiguar que ve. Esto también me recuerda un reciente estudio (que ahora no recuerdo donde lo leí) que decía que a los 5 minutos, creo que era, de ver por 1ª vez a una persona del otro sexo nuestro cerebro ya sabe que tipo de relación queremos establecer con ella.

Es decir, nuestros instrumentos sensoriales tienen sesgos y disponen de filtros, y establecen jerarquías en la información que procesan.
Y es que el ser humano es un animal, y aún no llevamos el tiempo suficiente desligados de la influencia de la naturaleza, como para que hayamos cancelado toda nuestra historia evolutiva.
Comoquiera que nuestros órganos de los sentidos son instrumentos necesarios para nuestra supervivencia, al servirnos para procesar información del exterior, habrán estado sometidos a la influencia de la selección natural.
El ser humano es un primate, y los primates son ante todo animales gregarios, animales sociales. El hombre es un animal social (“un ser humano solo no es un ser humano”), y por tanto todo nuestro cuerpo se habrá moldeado con la evolución en virtud de este carácter social.
Para poder desarrollar una activa vida en grupo, los primates han desarrollado fuertes sistemas de comunicación entre los individuos de un mismo grupo. La comunicación entre los primates se basa, fundamentalmente, en dos tipos de estímulos: comunicaciones verbales (la voz), y los gestos de la cara (gran parte de la comunicación entre los primates se basa en la interpretación de los gestos de la cara).
En la medida en que de ello dependía la supervivencia, la evolución habrá hecho que nuestra vista y nuestro oído se hayan desarrollado para lograr un mejor refinamiento en la captación de estos estímulos.
La vida de los primates se desarrolla en la selva; la selva está llena de ruidos, de cantos de pájaros, de ruidos de los árboles al moverse,… Para poder superar este problema, la evolución ha proporcionado a los primates de un sentido del oído, que entre todo el ruido de fondo y molesto, está “entrenado” para “rastrear” los sonidos emitidos por los congéneres. El oído es como una antena, que capta todas las señales que le llegan, pero las filtra, quedándose solo con aquello que le interesa: que son los mensajes emitidos por un compañero de grupo. A nuestro oído le llegan todos los sonidos que caen en su banda de frecuencias, pero el cerebro, a modo de filtro, pasa por alto la información que no le interesa (el sonido del viento, de un pájaro cantando, de las ramas que estamos pisando,…), y se queda con la información que de verdad importa (un compañero anunciando un árbol carado de fruta, la advertencia de que viene un depredador,…).
Por así decirlo, nuestro cerebro tiene las ideas muy claras desde el principio: el busca voces, lo demás no le importa.
Es como en los leones marinos, que entre todos los cánticos de la manada, la madre es capaz de reconocer el que pertenece a su cría y calcular distancias e ir hacia donde se encuentra el cachorro.
Con los humanos pasa algo similar. Las vocales i,u y a son vocales universales, que están presentes en todas las lenguas. Son los sonidos que mejor distingue el ser humano, y esa facilidad para escucharlos es lo que permite que seamos capaces de mantener conversaciones en ambientes llenos de ruido, o que seamos capaces de saber que dos personas hablando en otro idioma están conversando, aún cuando no conozcamos ese idioma.
Con el tema de la vista pasa algo similar: nuestros cerebros se han refinado en la búsqueda de gestos en los rostros, y nuestros bebes ya nacen predispuestos para el reconocimiento de caras.

Tras todo esto, probablemente alguien ya se haya hecho una pregunto, y con toda razón, ¿qué tiene que ver todo esto con las psicofonías?

Espero que sepa hacerme entender en la respuesta.
Cuando nosotros grabamos psicofonías, se dan dos condicionantes: por un lado, nos valemos de un ruido incoherente como soporte; por otro, vamos predispuestos a oír voces.
Cuando nos pasemos un buen rato escuchando el ruido, a nuestro cerebro, que como hemos visto no le gustan los estímulos desorganizados, tratará de buscar algo que le sea familiar. Hemos visto más arriba que nuestro cerebro está diseñado para discriminar el ruido, buscando voces humanas; por eso tratará de buscar alguna fluctuación en el ruido y asimilarla a una voz. Si a eso añadimos un toque de sugestión, lo tendremos todo: si nosotros vamos de antemano predispuestos a buscar una voz, todos los “sistemas de alarma” de nuestro cerebro se pondrán “alerta” buscando pues eso, una voz.
Si una vez que oímos algo que se parece a una voz, volvemos a oírlo, esta vez lo oiremos mejor, pero por puro precondicionamiento. Esto se repite hasta que finalmente nos “engañamos” y acabamos oyendo con total claridad una voz que no está presente. Si luego le presentamos eso a otra persona, pero le decimos ya de antemano lo que tiene que oír, tras oírlo unas pocas veces, a esa persona no le costará escuchar esa psicofonía.
Si a todo esto, le añadimos además un proceso de limpieza de la grabación para eliminar el ruido y resaltar la voz, al final habremos creado una psicofonía que no existía o que no era más que una oscilación en el ruido.
Esto que he explicado para las psicofonías, también es aplicable para los casos de caras de la virgen en objetos cotidianos, o de las manchas de humedad con supuesta forma de cara que han anunciado hace unos días en Bélmez.
Algo que me resulta muy llamativo de las psicofonías es que es un fenómeno fácil de obtener (todo el que se lo proponga, al parecer, las puede obtener), y el que las psicofonías siempre se capten en el mismo idioma que habla el “investigador” que las graba. ¿Por qué nunca se captan psicofonías de ladridos de perros o de pájaros, o psicofonías de hombres prehistóricos?

En definitiva, a mi parecer tras las psicofonías no se esconde nada real, o por lo menos, ninguna realidad más allá de las malas pasadas que nos juega a veces nuestro cerebro.

martes, noviembre 02, 2004

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La mujer que no debía existir

Esta semana nos llegó un bombazo informativo procedente del mundo de la paleoantropología: en la lejana y para muchos desconocida isla de Flores, en Indonesia, se encontraros restos pertenecientes a una nueva especie de homínido, que habitó la isla hará unos 18000 años.
Antes de pasar a comentar el hallazgo, voy a dar unos breves apuntes sobre la isla.

DESCONOCIDA ISLA CON BONITO NOMBRE

La isla de Flores es una isla de Indonesia, perteneciente al archipiélago de Sonda, sita en la parte Sur del mar de Flores.
Con una superficie de unos 14000 kilómetros cuadrados, y una población estimada en torno al millón y medio de habitantes, la isla de Flores se trata de un auténtico paraíso natural. Entre su variada fauna cabe destacar por popularidad, al dragón de Cómodo.
El hecho que se trate de una isla y que no haya habido comunicación con tierra emergida desde mucho tiempo atrás (al contrario, que por ejemplo, la próxima isla de Java) ha hecho que desarrollase una fauna propia.
Es una isla volcánica, con basaltos y andesitas, en cuyos suelos, sus habitantes (fundamentalmente de origen malasio) cultivan maíz y tubérculos. Posee una serie de volcanes activos y los terremotos no son infrecuentes. Presenta un relieve de altiplanicies, y la cota más alta se encuentra en los 2400 metros.
La escasez de lluvías produce frecuentemente hambrunas, y las catástrofes no están, por desgracia, ausentes. En el año 1992 un terremotos dejó 2000 muertos. Y este mismo año, las alarmas han saltado al despertar el estratovolcán Egon, situado en el este de la isla.
Esto hace que me sienta un poco cínico: la isla siempre ha estado allí, y solo nos hemos fijado en ella cuando se ha producido este hallazgo, olvidándonos que lo importante, son los problemas de sus habitantes.

UN POCO DE HISTORIA SOBRE HALLAZGOS EN LA ISLA DE FLORES

La isla de Flores está situada inmediatamente a la derecha de la llamada línea de Wallace.
En la segunda mitad del siglo XIX, el biogeógrafo Alfred Russel Wallace (famoso por ser, junto a Darwin, el primero en proponer el modelo de evolución por selección natural), estableció una línea imaginaria entre Bali y Lombok, que separaba las faunas de origen asiático y las de origen australiano.
Como entre las islas situadas a uno u otro lado siempre ha existido agua (al ser aguas profundas, incluso en los momentos de bajo nivel del mar, siempre han estado separados), desde siempre se planteó que nunca hubo intercambio de faunas de modo natural entre uno y otro margen. Esta afirmación se hacía, como es lógico, extensivo a los seres humanos anteriores al desarrollo de la navegación (esto es, unos 50000 años).
Sin embargo, 100 años después esta visión relativa a los humanos comenzó a cambiar.
En 1968 Vehoeven efectúo el hallazgo de herramientas líticas, fechadas en torno a 750000 años, asociadas a fósiles de mastodon en la isla de Flores.
Posteriores dataciones, refinaron esta fecha a los 850.000 años.
En el año 1998,en Nature, Morwood y colaboradores volvieron a poner las herramientas de la isla a la palestra.
El tosco tallado de las herramientas hizo que muchos pusiesen en entredicho la naturaleza antrópica de las “piedras”.

Resulta interesante echar un vistazo a los fósiles más antiguos del sudeste asiático, por cuanto puedan estar relacionados con el hallazgo actual.
Y aquí también hay polémica.
Para Carl Swisher, el “niño de Modjokerto”, descubierto en Java en 1936 tendría en torno a 1,8 millones de años. Empero, autores posteriores han discrepado de esta datación y no llevan más allá del millón doscientos mil años la ocupación de la isla de Java.
De todas formas, parece claro que el sudeste asiático ya estaba ocupado hace un millón de años por habitantes de morfología singular: capacidades craneales en torno a los 800 cc, paredes craneales gruesas, rebordes óseos en la nuca, cejas salientes, la región media de la cara apuntando al exterior, y ausencia de barbilla.

“EXCLUSIVA” EN NATURE : UN HOMÍNIDO FUERA DE LUGAR Y TIEMPO

Lo que ahora nos anuncian en Nature el ya citado anteriormente, Michael Morwood junto a PeterBrown, de la Universidad de Armidale (Australia) y Bert Roberts, de la Universidad de Wollolong (Australia) es lo siguiente: han hallado el individuo femenino de un homínido , de un metro de estatura, con un volumen cerebral de 380 cc, fechado en la sorprendente edad de 18000 años atrás, y lo que aún es más curioso, en la isla de Flores y asociado a herramientas líticas que en otras circunstancias se habrían asignado a Homo sapiens.
Vamos, que la noticia lo tiene todo.
Sé que aún es pronto para pronuciarse, y que de momento como mandan los cánones, hay que mantener una postura distante y escéptica.
Pero como la tentación es muy fuerte, no puedo evitar elucubrar, y esas elucubraciones voy a plasmarlas en los próximos párrafos (advertencia: no son nada serio, es una elucubración):
- Por un lado, en las islas es frecuente que las tasas de evolución sean altas. En las islas, al haber más oportunidades para los recién llegados, la evolución puede acelerarse, los efectos de la deriva genética se acentúan, y así, no es extraño que surjan especies nuevas.
Por otra parte, las islas ofrecen una serie de ventajas (hay grandes cantidades de alimentos y recursos, y escasez de depredadores y competidores), junto con otras desventajas (peligro de tormentas y otras catástrofes, dificultades para huir de los pocos depredadores,…)
Así, la evolución da lugar a cosas curiosas: cuando escasea un determinado recurso en una isla, la pequeñez de tamaño puede ser una buena solución para repartirse mejor el recurso entre los miembros de la población. Esto es frecuente en mamíferos, y tenemos multitud de ejemplos: los elefantes enanos que se dieron en muchas islas en la prehistoria, los monos pequeños de Madagascar,…Incluso hay ejemplos entre los dinosaurios.
En ocasiones, sucede lo contrario y los animales se convierten en “versiones” aumentadas: piénsese en las tortugas gigantes de las Galápagos o en el mismo dragón de Cómodo. Sin embargo, esto no es lo normal en animales de ritmo metabólico alto, como los mamíferos, donde la norma suele ser la disminución de tamaño.
Lo que sucede, es que este hecho nunca se había constatado en los humanos. Puede ser, y esto ya es reflexión mía, que este descubrimiento disipe un poco más las diferencias entre el ser humano y el resto de mamíferos.
- Sabemos del poblamiento del sudeste asiático desde, al menos, un millón de años antes del presente. Y tenemos indicios para pensar que la isla de Flores estuvo habitada hace 800.000 años.
- Para tener solo 18000 años, me sorprende que hasta ahora no hayamos tenido indicios de la existencia de esta especie. Me sorprende que, pese a su “juventud”, no hubiese sido hallada antes. Eso me confirma en la suposición que el Homo floresiensis se trata de un endemismo exclusivo de la isla

Con todo esto en mente, no puedo dejar de especular con la siguiente idea: ¿no podría ser, que los primeros habitantes de Java, se las ingeniasen para llegar, por conocimiento o por azar, a la isla de Flores, y ahí experimentar una evolución, relativamente rápida, que condujese a estas singulares formas? El pequeño cerebro sería una estrategia para reducir el consumo de energía, aún cuando mantuviesen todas las conexiones neuronales.
Dejo ahí mi “aportación”.Es unpoco pronto para opinar, pues aún queda conocer detalles como posibles dimorfismos, o saber si el ejemplar no representa una excepción, y conocer más datos sobre este singular pariente.
Me sorprende que en el bombardeo de especulaciones al que nos ha sometido esta noticia, no le haya faltado tiempo a alguna gente para decir que este hallazgo refuerza las tesis de los que piensan que las leyendas del Sasquatch, Big Foot y Yeti, son reales. En fín, cada uno ve en la noticia lo que quiere.
Esto es todo.
Un saludo.

Hijos de un polvo... de estrellas?

Recientemente he leído en prensa, que un tal Gustaf Korschinek y otros investigadores de la Universidad Técnica de Munich, han anunciado en el “Physical Review Letters", que han encontrado indicios de la explosión de una supernova en sedimentos del Pacífico, al sur de Hawaii.
En concreto dicen haber encontrado a unos 5000 metros de profundidad capas datadas en 2,8 millones de años, enriquecidas en Hierro-60, isótopo al parecer “raro” en la Tierra, y que ellos creen que procedió de la emisión de una supernova.
Lo anecdótico de la noticia está en que pretenden relacionar este descubrimiento con el origen del hombre: esta emisión hubiese supuesto un incremento de los rayos cósmicos, que habría provocado un aumento de la temperatura de la Tierra(siempre según estos autores), dando lugar a la extensión de las sabanas que se constata en esta época para África.
Así dicho, suena muy bonita. Pero a mi parecer, me da la impresión que nos quieren colar gato por liebre. Con el objetivo de poder hacer llamativa una noticia, que de otro modo no seria tanto (a la gente le importa un pepino los sedimentos , por mucho hierro-60 que tengan, o por muy estrella que sean dentro del mundo de la geologia estos sedimentos, jeje) , lo relacionan con el siempre atractivo origen del hombre, y nos pasan a contar unas historias un poco extrañas.
En primer lugar, el aumento de temperaturas en África (y la consiguiente extensión de las sabanas) según los modelos climáticos propuestos fue una respuesta al comienzo del desarrollo de los glaciares en el hemisferio Norte. Así que de aumento de las temperaturas a nivel global, nada.
Por otra parte, el linaje humano ya se había originado mucho antes, y el ser humano era bípedo anteriormente. Aunque he de reconocer que sobre este punto habría que leerse el artículo original, pues comentarios como que “esta fue la época en que los homínidos bajaron de los árboles” y cosas similares, las veo más propias casi con seguridad de los periodistas que comentan la noticia, que de los científicos que hayan hecho el estudio.
De todas formas, el estudio parece interesante, pues es de las primeras veces que se reconoce un evento astronómico de este tipo en el registro geológico. Con lo que no puedo estar de acuerdo es con las formas con que pretenden venderlo. Una costumbre (la de la ambigüedad, vendiendo los estudios como lo que no son para hacerlos más atractivos a la prensa) que es bastante frecuente en ciencia, generando muchas veces confusiones y comentarios fuera de lugar.

En fín, que de momento todos venimos de un polvo… pero no de estrellas.

Bienvenidos a "El Patíbulo"

Bienvenidos a todos aquellos que tras haber navegado por la red, han naufragado en este blog para perder parte del tan valioso tiempo.Éste es el primer post, y no se me ocurre que poner. Agradecería a todo aquel inconsciente que ha venido a parar a aquí, que si no tiene otra cosa en que entretenerse, que por favor escriba en comments, alguna sugerencia.Gracias de antemano, y bienvenidos a “El Patíbulo".