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Web El Patíbulo

sábado, noviembre 06, 2004

Tan solo una ilusión

Recientemente se están poniendo de actualidad los fenómenos paranormales, en parte, por todo lo que rodea al fenómeno de Bélmez. Me he decidido aprovechar de esta actualidad, para hacer unos breves comentarios sobre un fenómeno que siempre me ha llamado la atención, las psicofonías. Este ejercicio también me sirve para poner un poco de orden en mi desordenado cerebro.
De esta extraña “manifestación” (las psicofonías, se entiende) siempre me ha despertado curiosidad 2 inocentes detalles, pero que en mi opinión están llenos de ponzoña, por cuanto reflejan la enorme carga de subjetividad que rodea al fenómeno: el primero de ellos, es que siempre me resultó curioso que lo que dicen estas supuestas “voces” se entendiese mejor cuando de antemano me comunicaban lo que se tenía que oír; el segundo de los hechos, es que no todo el mundo que oye una sicofonía se ponga de acuerdo sobre lo que dice, o incluso, que no todo el mundo logre escucharla.
Estas dos características me resultan mucho más intrigantes que el fenómeno en sí, y en mi opinión, ponen sobre la pista de lo que es en realidad. Por todo ello, van a ser la piedra angular sobre la que voy a construír este texto.
Obviando los casos fraudulentos, que por desgracia son muchos, los casos e “investigaciones” sobre psicofonías en que no se obra de mala fe, a mi juicio adolecen de un doble defecto: de forma y de fondo. Es decir, fallan tanto en el método como en los conceptos.
A continuación, pasaré a explicar que pretendo decir con esto, haciendo primero hincapié en los problemas de método, para pasar luego a divagar sobre la falta de base conceptual.

DISCURSO SOBRE EL MÉTODO

El método, o al menos uno de los métodos que mejores resultados proporciona, para la captación de psicofonías, básicamente consiste en servirse de una radio, a la que se inhabilitan sus sistemas de sintonía para que “rastree” en un gran ancho de banda, para así emplear como soporte el ruído blanco para la obtención de las voces.
Quizás convenga hacer una parada en el camino, y recordar algunos conceptos que son interesantes.
El ruido es el resultado de la superposición de un conjunto de vibraciones, que no son coherentes unas con las otras, y que son simultáneas a una señal útil. Presenta una amplitud y longitud de ondas irregulares, pero una frecuencia constante. Los ruidos tienen distintas causas, y unas pueden ser externas (caídas o oscilaciones de tensión, por ejemplo), mientras que otras pueden ser internas, originadas por el propio aparato (la agitación térmica de los electrones, el ruido debido a las resistencias,…). Esto aplicado al sonido, significa que el ruido es una superposición de vibraciones sonoras no armónicas entre si. El ruido blanco es un ruido caracterizado por un espectro en el cual todas las frecuencias tienen la misma densidad de energía. Viene a ser algo así como el análogo a la luz blanca en el espectro audible (como si estuviese constituido por todos los sonidos de la franja audible, todos con la misma “cantidad” de energía).
Pues bien, ese es el soporte que se utiliza para captación de psicofonías, representando éstas fluctuaciones en el ruido blanco. Para registrarlas, se emplea una grabadora cuyo micrófono se coloca cerca del altavoz de la radio.
Aquí esta un primer fallo de sepsis experimental: se emplea un micrófono, el cual es un aparato diseñado para amplificar sonidos de una determinada frecuencia. Es decir, un micrófono puede captar sonidos que nosotros no oímos y nos pasan desapercibidos.

Otro inconveniente relacionado con lo anterior, es que al dejar la grabadora funcionando sin ningún tipo de aislamiento, se pueden registrar sonidos que no tienen porque corresponder necesariamente con el ruido de la radio, que son en los que presuntamente se evidencian las psicofonías.
Éstos dos fallos de método, al parecer, algunos “parapsicólogos” más aventajados, los corrigen en unos casos, conectando directamente la grabadora a la radio, para que solo guarde registro del ruido que emite la radio, y en otros casos, se aísla el equipo de sonidos externos por medio de cajas especialmente diseñadas.
Pero aún así, no pueden evitar que la radio siga sometida a la influencia de ondas hertzianas, que pueden ser captadas por la radio dándonos la impresión de que hemos captado algo anómalo.
Si lo que se pretende es un trabajo riguroso y metódico, se debería colocar el equipo en el interior de una jaula de Faraday (un conductor hueco, de tal forma que su interior está “protegido” de la influencia de cualquier campo eléctrico externo).

Por otra parte, el propio diseño de las experiencias es incorrecto. No se emplea ninguna muestra de control, a la hora de estudiar las psicofonías no se toma ninguna precaución para evitar prejuicios, etc… En ciencia, cuando se hace un estudio sobre algo sobre lo que puede haber ideas preconcebidas, se diseñan lo que se llaman estudios de ciego: junto a las muestras (entendiendo por muestra el objeto de estudio) a estudiar, se introducen muestras similares pero que ya se conocen (lo que se llaman muestras de control) y se etiquetan todas con una clave, de forma que el autor del estudio no sepa si está estudiando una muestra de control, o por el contrario, la muestra a estudiar. Así, se minimiza la influencia de posibles prejuicios. Así es como se procede en la industria farmacéutica para probar la eficacia de nuevos fármacos en desarrollo, así se diseñó el estudio de la datación de la Sábana Santa, etc…
Ésta es una medida necesaria si lo que se busca es objetividad, y que en cambio, no se lleva a cabo cuando se estudian psicofonías.

También llama la atención la forma de estudiarlas. Es una persona la encargada de oír las grabaciones, y tratar de buscar algo “anormal”. Y esto es algo subjetivo en grado máximo. Para ser precisos, lo que habría que estudiar es el espectro del registro sonoro, buscando alguna anomalía; no confiar en el oído del “investigador”.
Por otra parte, si lo que se hace es que cuando se encuentra algo “anómalo”, se “limpia” de ruido para que se oiga mejor, y así en sucesivos pasos hasta que tengamos un sonido limpio, estaremos obteniendo un sonido artificial, que no existía previamente. Habremos “maquillado” una fluctuación en el ruido hasta encontrar lo que se quería encontrar desde el principio. Con una especie de “selección natural de ruido”, habremos creado un sonido.
Otro tema a parte, sería forma en que se publican los resultados de un “estudio” sobre psicofonías. Como la lamentable y risible forma en que se procede para ello daría para mucho párrafo, lo he obviado.
Hasta aquí he expuesto por qué considero que la investigación sobre psicofonías se equivoca en el método. Se podría objetar, no obstante, que puede tratarse simplemente de un problema de mal diseño experimental, pero que el fenómeno en sí es real.
Pues bien, eso es lo que discutiré a continuación. En los próximos párrafos voy a tratar de explicar por qué pienso que el estudio de psicofonías adolece de un problema de base, un fallo de conceptos.

DEL ÁRBOL A LA RADIO

Hace tiempo, ElPez (ciberseudónimo de Javier Armentia), publicó un excelente artículo en su bitácora “Por la boca muere el pez” donde comentaba un suceso que recibe el nombre de “pareidolia”. La pareidolia implica que los estímulos mal organizados sean percibidos de forma muy nítida, dando lugar a una ilusión. Esta pairedolia es la que nos permite, por ejemplo, reconocer formas en las nubes o en las montañas.
Y es que se da el hecho que nuestros sentidos, y en particular, nuestros ojos no son perfectos.
En psicología de la percepción, se sabe desde hace tiempo que a nuestro cerebro no le gustan las imágenes caóticas o completamente desorganizadas. Así los estímulos que se encuentran próximos, el cerebro tiende a agruparlos, y a percibir como un grupo y con continuidad estímulos que tienen una cierta semejanza. Así se engendran las ilusiones visuales, percepciones creadas por nuestro cerebro.
Estas ilusiones están engendradas tanto en la parte física de nuestros dispositivos sensoriales, como en la parte abstracta. Es un problema tanto de hardware (me refiero a los órganos de los sentidos: ojos, tímpanos…) como de software (el cerebro),
Un buen ejemplo de ilusión generada por la propia naturaleza del ojo es la siguiente: cojamos el dibujo de una cara, y movámosla rápidamente de izquierda a derecha; dará la impresión que los ojos del dibujo se están moviendo. Esta ilusión se debe a que la retina conserva la impresión óptica de las imágenes durante un corto espacio de tiempo.
Ejemplos de ilusiones ópticas creadas por el cerebro, es la siguiente.
Leáse la siguiente frase en alto:
EL LIBRO DE LA
LA SELVA


Probablemente, mucha gente haya dicho "el libro de la selva" omitiendo el segundo "la".
En un número reciente de la revista “Investigación y ciencia” aparecía publicado un interesantísimo trabajo sobre ilusiones geométricas (“Ilusiones geométricas”, de Jacques Ninio). En ese artículo se describían infinidad de ilusiones geométricas, y el autor comentaba, que tras la percepción visual, se esconden finos principios que rigen los procesos cerebrales de la percepción, y que explican estas ilusiones ópticas.

Pues bien, lo mismo que ocurre con la visión, es aplicable al resto de los sentidos.
Nuestros órganos de los sentidos disponen de filtros, que nos permiten seleccionar la información que nos llega al cerebro, y al mismo tiempo nuestro cerebro dispone de sus propios filtros para “modificar” la información para que ésta nos resulte comprensible. Esto redunda en un mejor conocimiento de lo que nos rodea, pero el precio que pagamos son que de vez en cuando tengamos que experimentar paradojas e ilusiones sensoriales.

En su libro “Amalur”, los eclécticos Juan Luis Arsuaga e Ignacio Martínez, comentaban un estudio efectuado por el Centro de Psicología Evolucionista de la Universidad de California, en el cual se decía que las 3 primeras cosas que intenta determinar nuestro cerebro al observar un nuevo rostro son edad, sexo y etnia. Es decir, cuando nuestro cerebro observa un nuevo rostro trata de averiguar que ve. Esto también me recuerda un reciente estudio (que ahora no recuerdo donde lo leí) que decía que a los 5 minutos, creo que era, de ver por 1ª vez a una persona del otro sexo nuestro cerebro ya sabe que tipo de relación queremos establecer con ella.

Es decir, nuestros instrumentos sensoriales tienen sesgos y disponen de filtros, y establecen jerarquías en la información que procesan.
Y es que el ser humano es un animal, y aún no llevamos el tiempo suficiente desligados de la influencia de la naturaleza, como para que hayamos cancelado toda nuestra historia evolutiva.
Comoquiera que nuestros órganos de los sentidos son instrumentos necesarios para nuestra supervivencia, al servirnos para procesar información del exterior, habrán estado sometidos a la influencia de la selección natural.
El ser humano es un primate, y los primates son ante todo animales gregarios, animales sociales. El hombre es un animal social (“un ser humano solo no es un ser humano”), y por tanto todo nuestro cuerpo se habrá moldeado con la evolución en virtud de este carácter social.
Para poder desarrollar una activa vida en grupo, los primates han desarrollado fuertes sistemas de comunicación entre los individuos de un mismo grupo. La comunicación entre los primates se basa, fundamentalmente, en dos tipos de estímulos: comunicaciones verbales (la voz), y los gestos de la cara (gran parte de la comunicación entre los primates se basa en la interpretación de los gestos de la cara).
En la medida en que de ello dependía la supervivencia, la evolución habrá hecho que nuestra vista y nuestro oído se hayan desarrollado para lograr un mejor refinamiento en la captación de estos estímulos.
La vida de los primates se desarrolla en la selva; la selva está llena de ruidos, de cantos de pájaros, de ruidos de los árboles al moverse,… Para poder superar este problema, la evolución ha proporcionado a los primates de un sentido del oído, que entre todo el ruido de fondo y molesto, está “entrenado” para “rastrear” los sonidos emitidos por los congéneres. El oído es como una antena, que capta todas las señales que le llegan, pero las filtra, quedándose solo con aquello que le interesa: que son los mensajes emitidos por un compañero de grupo. A nuestro oído le llegan todos los sonidos que caen en su banda de frecuencias, pero el cerebro, a modo de filtro, pasa por alto la información que no le interesa (el sonido del viento, de un pájaro cantando, de las ramas que estamos pisando,…), y se queda con la información que de verdad importa (un compañero anunciando un árbol carado de fruta, la advertencia de que viene un depredador,…).
Por así decirlo, nuestro cerebro tiene las ideas muy claras desde el principio: el busca voces, lo demás no le importa.
Es como en los leones marinos, que entre todos los cánticos de la manada, la madre es capaz de reconocer el que pertenece a su cría y calcular distancias e ir hacia donde se encuentra el cachorro.
Con los humanos pasa algo similar. Las vocales i,u y a son vocales universales, que están presentes en todas las lenguas. Son los sonidos que mejor distingue el ser humano, y esa facilidad para escucharlos es lo que permite que seamos capaces de mantener conversaciones en ambientes llenos de ruido, o que seamos capaces de saber que dos personas hablando en otro idioma están conversando, aún cuando no conozcamos ese idioma.
Con el tema de la vista pasa algo similar: nuestros cerebros se han refinado en la búsqueda de gestos en los rostros, y nuestros bebes ya nacen predispuestos para el reconocimiento de caras.

Tras todo esto, probablemente alguien ya se haya hecho una pregunto, y con toda razón, ¿qué tiene que ver todo esto con las psicofonías?

Espero que sepa hacerme entender en la respuesta.
Cuando nosotros grabamos psicofonías, se dan dos condicionantes: por un lado, nos valemos de un ruido incoherente como soporte; por otro, vamos predispuestos a oír voces.
Cuando nos pasemos un buen rato escuchando el ruido, a nuestro cerebro, que como hemos visto no le gustan los estímulos desorganizados, tratará de buscar algo que le sea familiar. Hemos visto más arriba que nuestro cerebro está diseñado para discriminar el ruido, buscando voces humanas; por eso tratará de buscar alguna fluctuación en el ruido y asimilarla a una voz. Si a eso añadimos un toque de sugestión, lo tendremos todo: si nosotros vamos de antemano predispuestos a buscar una voz, todos los “sistemas de alarma” de nuestro cerebro se pondrán “alerta” buscando pues eso, una voz.
Si una vez que oímos algo que se parece a una voz, volvemos a oírlo, esta vez lo oiremos mejor, pero por puro precondicionamiento. Esto se repite hasta que finalmente nos “engañamos” y acabamos oyendo con total claridad una voz que no está presente. Si luego le presentamos eso a otra persona, pero le decimos ya de antemano lo que tiene que oír, tras oírlo unas pocas veces, a esa persona no le costará escuchar esa psicofonía.
Si a todo esto, le añadimos además un proceso de limpieza de la grabación para eliminar el ruido y resaltar la voz, al final habremos creado una psicofonía que no existía o que no era más que una oscilación en el ruido.
Esto que he explicado para las psicofonías, también es aplicable para los casos de caras de la virgen en objetos cotidianos, o de las manchas de humedad con supuesta forma de cara que han anunciado hace unos días en Bélmez.
Algo que me resulta muy llamativo de las psicofonías es que es un fenómeno fácil de obtener (todo el que se lo proponga, al parecer, las puede obtener), y el que las psicofonías siempre se capten en el mismo idioma que habla el “investigador” que las graba. ¿Por qué nunca se captan psicofonías de ladridos de perros o de pájaros, o psicofonías de hombres prehistóricos?

En definitiva, a mi parecer tras las psicofonías no se esconde nada real, o por lo menos, ninguna realidad más allá de las malas pasadas que nos juega a veces nuestro cerebro.