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Web El Patíbulo

viernes, noviembre 12, 2004

¿Le importa a alguien?

Estos últimos días ha saltado a la luz el asunto de la guerra en ciernes en Costa de Marfil.
Eso nos recuerda que existe un continente llamado África.

ÁFRICA, EL CONTINENTE OLVIDADO

En el continente africano, se puede admirar de una belleza de paisajes enorme: desde los imponentes paisajes desérticos del Sáhara o el Kalahari, a la costa sudafricana, pasando por las selvas de la región centro africana.
Esta variedad de paisajes alberga una equivalente variedad de fauna y gentes.
En las tierras de este continente vio su origen el linaje humano y el hombre moderno; todos somos hijos de africanos. Si como dice el relato bíblico, Dios creó al hombre a partir de arcilla, esta arcilla era barro africano.
Sin embargo, somos unos hijos muy ingratos: hemos abandonado las tierras que nos vieron nacer, y rápidamente las hemos olvidado.
Miento, nos hemos olvidado de sus gentes, pero nos acordamos mucho de sus riquezas.
Gran parte de las rivalidades entre etnias en el continente, encuentran promoción en las grandes multinacionales que quieren explotar los recursos naturales.
Ejemplos hay muchos. El más famoso quizás sea el del coltán. El coltán es la abreviatura de columnita-tantalita, dos minerales que forman una serie de solución sólida (una aleación), de los que se extraen niobio y tántalo, elementos químicos muy apetitosos en la industria de las telecomunicaciones por sus aplicaciones microelectrónicas. Desde las baterías de los dispositivos de telefonía móvil, a la Estación Espacial Internacional, pasando por los misiles, los PDAs, los ordenadores,… necesitan de estos preciados componentes.
Los grandes yacimientos de Australia y Brasil de donde se obtenían estos dos elementos, se han ido agotado, y hoy por hoy, el 80% de las reservas mundiales de estos dos recursos se ubican en la zona del Congo. ¿Serán casualidad los conflictos de esta región, como los de la República Democrática del Congo, Ruanda,… que ya se han cobrado millones de víctimas inocentes? Pregunta retórica.
Esta riqueza ha motivado una serie de consorcios entre multinacionales que fomentan los conflictos étnicos de estas zonas, con el objetivo de garantizarse controles sobre amplias zonas, para satisfacer sus demandas de coltán. Tras la guerra fraticida, hay disfrazada una guerra entre grandes multinacionales. Ahí no impera ningún tipo de legalidad internacional, ni tan siquiera la lógica ni la moralidad. Solo el despropósito, la inhumanidad, la ambición, y el dinero parecen tener derecho a campar a sus anchas. Mientras en occidente jugamos a las maquinitas, millones de víctimas inocentes, de refugiados, de niños… no parecen ni siquiera tener el derecho a vivir.
Pero no solo es Congo, si no, todo África; en Sierra Leona y en Angola, son los conflictos por el diamante, valorado en joyería y en tecnología láser, la auténtica razón de la muerte de millones de persona. En Sudán, en la región de Darfún, la situación es tan extrema, que tras la limpieza étnica y la masacre, tras la guerra de religiones, se esconde en realidad, lo que es muy lamentable, la lucha por el agua.
Este año una gran parte de África ha sido devastada por las plagas de langosta y por la sequía, lo que ha destrozado los cultivos de cereales que sirven de sustento. Plagas que aquí podrían ser reducidas con poco dinero, allí han tenido efectos desoladores, sin que ningún país del Norte haya movido un dedo para ayudar.
Asimismo, es un continente acosado por el SIDA. Pero no el SIDA de occidente. En África hay otro SIDA. Y al mismo tiempo de esto, a Sudáfrica se le imponen trabas para que no pueda ofrecer los fármacos a precio asequible a su población; se trata de impedir que empresas locales puedan fabricar fármacos genéricos y distribuirlos a bajo coste. Esto, promovido por las grandes empresas farmaceúticas, que no están dispuestas a ceder un ápice en sus pretensiones y en su dominio despótico, aún cuando eso represente la pérdida de vidas humanas.
Nuevas enfermedades surgen, sin que en occidente lleguemos a tener constancia de ellas; enfermedades como la úlcera de Buruli, que se están cobrando ya millones de vidas. Otras enfermedades ya conocidas, como el cólera, la disenteria, tuberculosis,… siguen causando estragos.
Todo esto lleva a la desoladora conclusión de que África, desgraciadamente, no le importa a nadie.

Y mientras tanto, en occidente usando nuestros ordenadores, mandándonos mensajes al móvil, o viendo por televisión las últimas noticias de la prensa rosa. Pero este desentendimiento nos acabará costando caro. No podemos vivir mucho tiempo en una casa, encerrados en nuestra habitación sin que nos moleste el ruido de la habitación de al lado. Estamos condenados, para bien o para mal, a estar encerrados en este pequeño punto azul pálido del Sistema Solar, ya seamos africanos o europeos. Formamos parte de la misma tripulación; vamos a bordo del mismo barco. Las vías de agua de babor, afectarán por igual a los que estamos en estribor. Algún día, cuando el cambio de clima traiga las condiciones tropicales a latitudes más altas, nos afectarán las enfermedades que les afectan. Ellas no entienden de fronteras. Algún día, la población africana se cansará, y como es lógico se alzará.

Pero hasta que eso llegue, hoy por hoy, en África se mueren de SIDA, por guerras; lo que es más triste, de hambre y de sed. Y mientras tanto, occidente permanece ajeno. Occidente mira hacia otro lado como si la cosa no fuera con él; eso si, no sin antes poner las armas.