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Web El Patíbulo

domingo, noviembre 21, 2004

El abuelo de Copito de Nieve

Un Viernes más, el mundo de la paleoantropología vuelve a sorprendernos con un hallazgo asombroso.
Apenas han pasado dos semanas de la “florida” conmoción de la mujer enana de Indonesia, Meika Köhler, Salvador Moyá-Solá y otros científicos del Instituto Miquel Crusafont de Sabadell, han anunciado en “Science”, que durante las obras de una carretera en la población catalana de Hostalets de Pierola, se encontraron en el año 2002 los restos fósiles de un simio antropomorfo con unos 13 millones de años de antigüedad.
El fósil se encuentra en un excepcional estado de conservación, y consta de un rostro evocador, perfectamente conservado.Pero en este caso, lo maravilloso no es solo su magnífico estado de conservación, si no también su edad: el fósil procede del Mioceno medio, época que, para hacerse una idea, ha sido llamada en alguna ocasión el “agujero negro” de la evolución humana. Esto nos permite ya imaginarnos la importancia del hallazgo.
Es un descubrimiento extraordinario: un esqueleto muy bien conservado, muy completo, de un macho adulto de unos 35 kilos de peso y 1,20 m de altura. Se ha asignado a una nueva especie, a la que se le ha denominado como Pierolapithecus catalanicus, y como es habitual en paleoantropología, el ejemplar ha sido bautizado familiarmente como “Pau”.
Parece ser, según los descubridores, que se trata de una “especie mosaico”, que muestra la transición evolutiva entre el modo de desplazarse típico de los monos (como macacos, babuinos,…) y la braquiación (colgarse de los árboles, como hacen los orangutanes) , esquema al que se adapta la anatomía de los simios. La anatomía del cuerpo torácico de Pau está adaptada para trepar a los árboles y la postura semierguida de los antropomorfos(gorilas, chimpancés, orangutanes y humanos), aún cuando la arquitectura de las muñecas no les permitiría suspenderse de los árboles, como hacen los orangutanes. Esto parece indicar, siempre según los autores, que los diferentes rasgos del cuerpo de los simios surgieron por separado, y no de una sola vez.
Sus descubridores lo sitúan en la encrucijada entre hombres, gorilas, chimpancés y orangutanes, y especulan con que su origen sea africano, y que se hubiese dispersado a Europa a través de Oriente medio.
En mi humilde opinión, aún es pronto para pronunciarse taxativamente.
Lo que no se puede negar es la importancia del hallazgo, como ya han señalado diversos investigadores muy reputados, como Pilbeam o Begun.
Respecto a como vivía Pau: parece ser que vivía en una frondosa selva, junto con elefantes, rinocerontes, y diversas especies de reptiles. Vamos, un ambiente muy distinto al de la carretera de la que fu extraído.

También estos días, al hilo del tema de la evolución humana, en “Nature” ha salido publicado un trabajo donde se esgrime la idea, que la anatomía del género Homo se desarrollo como una adaptación a la carrera a larga distancia.

En fín, de momento eso es todo. Los viernes nos están mal acostumbrando. A saber que es lo que la paleoantropología nos está reservando para el próximo…